¡Todos sabemos mandar!

¿Mujeres y hombres igual de válidos para dirigir una empresa? En el sector de la comunicación en concreto, ¿qué sucede en este sentido y por qué? Dos grandes profesionales con bastantes años de experiencia a pesar de su juventud. Dos perspectivas. Ella, periodista de Onda Cero en Sevilla desde 2007; y él, periodista de La Razón en Sevilla desde 2005. Elena ManzanoMiguel González aportan  interesantes reflexiones. 

¿Son necesarias las distinciones entre hombres y mujeres en cuanto a la dirección de empresas? Rotundamente no. Las distinciones en aspectos profesionales no  han de ser una cuestión de género, sino de la validez de las personas para desempeñar el cargo al que opten.

Es bastante obvio que lo indispensable para todo negocio es que vaya bien. Por lo que resulta incoherente que los gerentes de las empresas en general y, en el caso  concreto que me aborda, de los medios de comunicación, siempre estén más dispuestos a otorgar el puesto para un cargo directivo a un hombre que a una mujer, aunque ambos partan de las mismas condiciones profesionales. Quizás exista una inercia empresarial que lleva a confiar más en la capacidad de los hombres para dirigir una empresa. A lo mejor todo se trata de una cuestión más profunda, de educación, de valores que siguen apuntando a que todos veamos más natural que la mujer sea la que se dedique a los cuidados de la familia y el hogar. Y muy probablemente muchas mujeres lo piensen. Lo más probable es que todo influya. Cambiar una cuestión que ha sido fruto de una constante histórica es excesivamente complejo, pero si la evolución se produce en todos los sentidos de la vida, ¿por qué no en este? La  expresión “techo de cristal” es muy conocida y, de seguir en la línea dada hoy en las empresas informativas, cada vez lo será más. Pues esa barrera que limita el desarrollo profesional de las mujeres, sobre todo en lo que a puestos elevados se refiere, es invisible, pero no hay duda de que existe.

Así comenzó el diálogo una mañana con Elena Manzano y una tarde con Miguel González. Agradable y cercano con cada uno de ellos rato que me supo a poco.

Pregunta. ¿Qué opinas acerca de que la mayoría de los altos cargos en los medios de comunicación españoles los ocupen hombres?

Elena Manzano en Ronda (Málaga)

Elena. Mi opinión es que se evidencia que la conciliación entre la vida laboral y la familiar no está conseguida a día de hoy. La profesión periodística es muy complicada porque tienes que estar 24 horas al día disponible para tu medio de comunicación, ya que las noticias se producen a cualquier hora. Y eso implica una dificultad mayor que en otro tipo de actividades profesionales. 

Miguel González

Miguel. Yo, en todos los sitios que he estado, aunque hay cargos intermedios altos que pueden ser ocupados por mujeres, en lo que son los cargos directivos altos no sucede lo mismo.  Yo me he encontrado mujeres y hombres muy válidos y también al contrario [ríe]. Sí que es curioso que no haya mujeres en los altos cargos. 

P. ¿Hay diferencias entre la organización de un diario u otro medio de comunicación llevado por un hombre que la de otro llevado por una mujer?

E. Como no he trabajado en un medio de comunicación dirigido por una mujer, personalmente no puedo compararlo. Sí he tenido mujeres jefas y son muy competentes y organizan el trabajo y lo distribuyen igual o mejor que los hombres y no es porque yo sea una mujer, sino porque mi experiencia con mujeres jefa ha sido de las mejores.  Pero cuando digo jefa me refiero a jefa de sección o de un departamento [puntualiza la joven periodista].

M. Yo es que no diferencio entre hombres y mujeres. Simplemente hay gente válida y gente no válida.  Mientras sea una persona válida, a mí no me importa que sea un hombre o una mujer.

Y, justo en este instante me interesé por conocer cómo estos jóvenes periodistas definirían a algunos colegas de profesión bastante mediáticos. 

P. ¿Por qué crees  que son más los hombres que ocupan altos cargos que las mujeres?  Hay quienes dicen que los hombres  gerentes de los medios depositan su confianza en otros hombres antes que una mujer…

Elena Manzano

E. Puede ser que, si esa confianza es real y por eso hay menos mujeres en cargos directivos, eso se deba a que cuando hay un problema en casa, por poner un ejemplo, hay que llevar al niño al médico, lo más probable es que lo lleve la mujer. Entonces, cuando contratas a un hombre, tienes “una cierta garantía” de que ese hombre va a faltar menos al trabajo por cuestiones familiares, ya sea cuidar a un dependiente, a una persona mayor, a sus padres, a sus hijos… Yo creo que es un poco todo. No se han hecho los suficientes esfuerzos para conciliar la vida laboral y familiar. Hay muchísimas mujeres que, cuando tienen un hijo, se acogen a la media jornada. De hecho yo tengo compañeras periodistas de otros medios de comunicación que sólo trabajan media jornada al día. Eso no sucede con los hombres. No tengo ningún compañero que, por voluntad propia, haya decidido acogerse a la reducción de jornada para cuidar a sus hijos, eso los siguen haciendo las mujeres.

M. Yo creo que… [reflexiona unos instantes], la causa es el machismo.Yo creo que es  machismo simplemente. No se trata de confiar más o menos. O puede ser que sí, que por machismo te fíes más de los hombres, pero vamos… [deja la respuesta abierta a la reflexión y da un sorbo al café]. 

Llegados a este punto, por los propios giros del discurso de ambos, durante unos minutos las preguntas planteadas a Elena y  Miguel divergieron levemente.

P. Piensas entonces que las mujeres seguimos dedicándonos en mayor medida a estas tareas por un motivo de educación, ¿no?

E. Claro. Nos lo imponen desde pequeños, vivimos en una sociedad en la que el cuidado de la familia fundamentalmente es cuestión de mujeres y todas las personas tenemos eso arraigado. Tomamos por costumbre eso cuando realmente tienen que empezar a desaparecer expresiones como “mi marido me ayuda en casa”. Eso es un reflejo de la sociedad. No es que tu marido te ayude en casa, es que tu marido, debería estar obligado a hacer, si no el 50 el 40 o el 60% de las tareas del hogar.

El caso de Soraya Sáenz de Santamaría, por ejemplo, fue curioso y levantó una polémica bastante interesante de analizar porque mucha gente le reprochaba que no cuidara a su hijo en sus primero días de vida y ella se justificaba porque ese momento profesional sólo lo iba a vivir una vez en su vida. Era el traspaso de poderes del ejecutivo socialista al ejecutivo del PP. Como mujer yo respaldo esa opción. En muchas ocasiones quiénes se incorporan cuando su hijo tiene un mes de vida es porque no tienen otra opción. Ese es el problema, pues cuando una mujer puede elegir, si tiene la opción de su compañero, eso es magnífico. El problema  se da cuando la mujer es soltera o separada.

Este tema es complicadísimo [enfatiza] y plantea debates morales a uno mismo. Yo, por ejemplo, con lo de Soraya Sáenz de Santamaría, al principio pensé que hay que tener sangre fría para dejar a tu hijo de días con otra persona. Pues todas las mujeres que dan a luz coinciden en señalar que lo fundamental es el vínculo físico con el hijo. Pero después me dije, pues sí, ¿por qué no?, si es un momento único profesional en la vida [remarca con indignación]. Es que a una mujer se le interrumpe durante muchos meses su carrera profesional si está de baja por motivos médicos. Ahí es cuando los hombres nos sacan ventaja.  

Si dos personas optan a un mismo cargo y la chica se queda embarazada, ya sea porque lo decida o no, el hombre va a poder avanzar más rápido que ella. Eso ya es una desigualdad, ¿cómo se lucha contra eso? ¡Complicadísimo! [apunta exaltada]. Y el problema es la demagogia. A este carro, al carro del feminismo se apunta mucha gente sin estar convencido de que realmente es así.
Elena Manzano, durante la entrevista

Elena planteó todos estos enriquecedores matices acerca de la situación al mencionarle la educación. Con Miguel, el diálogo en este punto fue el siguiente.

P. ¿Ves entonces que se trata de cuestiones que tienen su origen en la educación que hemos recibido hasta ahora?

M. Sí y es que además no te puedo decir que se esté rompiendo porque es que no hay casos. Es como una barrera está ahí… [piensa un momento]. Puede ser cuestión  de la educación.

P. ¿Crees que las propias mujeres quizás son las que se ponen la barrera?

M. No, no creo yo eso [asevera con rotundidad]. Hay mujeres que tienen aspiraciones para llegar a puestos de mando y si no llegan es porque no les dan la oportunidad. O sea, a igualdad de condiciones entre un hombre y una mujer, normalmente elijan al hombre. Pero para altos cargos [puntualiza]. Después hay otros cargos intermedios en los que no tiene por qué pasar lo mismo. 

P. ¿Y por qué a igualdad de condiciones entre el hombre y la mujer se termina eligiendo al hombre?

M. Es que yo creo que simplemente no se plantea dar el cargo a la mujer. Para darle el cargo a la mujer, no tiene que estar en igualdad de condiciones, sino que tiene que demostrar mucho más quizás. Pero es que incluso ni así lo consigue [piensa]. Es que el tema de los cargos, cuando entres en el gremio [me dice Miguel con tono preocupado], verás que, por desgracia, y por eso se da la crisis que hay en el sector, los más válidos no son los que mandan.

P. Esa es otra cuestión, parece que una mujer siempre tiene que demostrar más que los hombres que es válida para algo, da la sensación de que se le exige más que a los hombres…

M. O tiene que adoptar un rol de hombre.

P. ¿Crees que se da esta situación?

M. En otros sitios no lo sé, pero en los medios en los que yo he trabajado sí.  O sea, si hay una mujer que mande, y en algunos de los casos que conozco no ha sido por su capacidad, se trata de mujeres que no tienen un rol femenino. Son mujeres, pero podrían ser un hombre.

P. Se puede decir que se les exige entonces masculinidad, ¿no?

M. Sí.

P. Una mujer como tal, con sus rasgos femeninos, no encaja en un alto cargo entonces…

O en vez de ser la número uno es la número dos.

Miguel González, durante la entrevista

De este modo y, tras estos diálogos cargados de reflexión y crítica, el discurso con cada uno de estos periodistas parecía llegar a su fin con la misma cuestión.

P. Hemos hablado de la educación y los valores que hemos recibido hasta ahora y de la configuración social existente ¿Esto va a ser siempre así? ¿Qué decir entonces de la evolución? ¿No vamos a evolucionar?

E. Es muy complicado. Evolucionar hacia, no la igualdad real, pues yo nunca he creído que un hombre y una mujer sean iguales al 100% porque tenemos características intrínsecas que nos diferencian. Pero de ninguna manera la igualdad va a ser real. Pero sí debemos conseguir que sea muy aproximada y que, de partida, las oportunidades sean iguales ¿Cómo conseguir eso? Desde la política. El problema es que en los partidos políticos no hay igualdad en presencia de hombres y mujeres y eso que hace tiempo se aprobó una ley de paridad, sobre la que tengo mis dudas porque una mujer tiene que estar en un puesto directivo si realmente lo merece, no porque una ley lo obligue. El problema es que, si la ley no obliga, en muchos partidos políticos sólo habría un mínimo porcentaje representativo de mujeres. Entonces es todo muy complicado, pero sí hay que dar más ejemplo con la imagen que se proyecta de la mujer. Ellas tienen que lanzarse también más a desarrollar una carrera profesional. Pues para eso están también los padres. Es que no hay que olvidar la figura paterna. Y, si es el hombre el que se tiene que quedar al cuidado del hijo, que se quede. Si tiene que cuidar a la madre enferma, que se quede. Es el hombre el que también tiene que dar ejemplo con sus actos diarios de que puede y debe desarrollar la conciliación laboral y familiar muchísmo más de lo que lo hace hoy en día.

Elena Manzano, durante la entrevista

Todo depende de la prioridad que tenga cada uno como persona. Si tú quieres  formar una familia y eres más feliz en tu casa, tampoco hay que criminalizar la figura del ama de casa [asegura con exacerbación la joven periodista]. Yo conozco a una chica que voluntariamente dejó su trabajo para cuidar a sus dos hijos porque ella decía que antes de que lo cuidase una persona extraña los cuido yo. Y el dinero que no cobro es el que no le pago a esta persona. Es decir, la libertad consiste en que cada uno elija. No hay que criminalizar que una mujer quiera cuidar a sus hijos, aunque sí es verdad que hoy en día se siente realizada cuando profesionalmente decide que quiere trabajar. Y no por imposición es ama de casa como eran vuestras abuelas.

Por cierto, no quiero terminar sin matizar que no debe confundirse el feminismo con el machismo porque, tal y como diría Isabel Pedrote, periodista muy acreditada que hasta hace poco  ha trabajado en El País, el feminismo sólo persigue la defensa de la mujer y la igualdad con el hombre, no es la extrapolación en el caso de las mujeres al machismo en el de los hombres. El feminismo no persigue maltratar a los hombres ni defiende ni ejerce el maltrato. Simplemente reivindica que la mujer está igual de capacitada que los hombres.

M. Yo creo que a corto plazo no. Pero a medio o largo plazo, por pura estadística sí. Hay más mujeres universitarias. Por puro peso caerá, pero a corto plazo no. 

Y con Miguel, por su respuesta, quise insistir un poco más. 

P. Claro, pero si como dices hay más mujeres estudiando periodismo por ejemplo, por pura coherencia deberían tener más posibilidades de acceso a puestos de trabajo elevados y en cambio no ocurre así. Me pregunto entonces si se dará el punto de inflexión en el que, como comentas,  todo caiga por su propio peso y si esto sucederá más pronto que tarde…

M. En la redacción de La Razón somos diez o doce, de los que sólo tres son mujeres. Yo creo que la puerta está cerrada con llave y la tenéis que tirar porque nadie os la va a abrir, tenéis que echarla abajo y, claro, eso es lento.

Tras estas cuestiones, y para mi satisfacción,  la despedida aún se prolongó un poco más. Les planteé a ambos una situación hipotética y este fue el resultado.

P. Vayamos al plano más personal. Imagina que te ofrecen ocupar un alto cargo y que estás pensando formar una familia pronto. La posibilidad de crecer profesionalmente, ¿te haría replantearte las cosas?¿Te haría posponer el hecho de formar una familia?

E. Siempre se puede cambiar de opinión cuando se vive en primera persona esa situación y, puesto que ahora mismo no tengo pareja, no puedo plantearme a corto plazo tener familia. Pero sí tengo claro que algún día quiero tenerla.  Y, si llega mi momento de formar una familia, nunca lo retrasaría, a no ser que tuviera una situación económica muy muy complicada [asegura con rotundidad]. Es decir, nunca rechazaría la opción de crear una familia, ¿rechazaría la opción de acceder a un puesto directivo? Creo que tampoco, creo que tampoco [repite para hacer hincapié en su opción].  Mi prioridad sería la familia, pero intentaría compaginar, intentaría buscar la fórmula. Tendría que multiplicar mi tiempo probablemente, pero no creo que hubiera que rechazar ninguna de las dos cosas. Lo que sí tengo claro es que nunca rechazaría formar una familia por un trabajo, entre otras cosas por el reloj biológico de las mujeres. Es muy verdad que existe, pues la edad fértil de la mujer acaba.

Miguel González, durante la entrevista

M. De entrada, nunca he aspirado un “alto cargo”. Aparte, soy demasiado “incómodo” para que me ofrezcan algo así. O sea, es un supuesto, prácticamente imposible. Yo ya dedico todo el tiempo posible al trabajo, tengo el defecto de no saber desconectar. Así que, en un hipotético “mundo de yupi” en el que me ofrecieran ser jefe, no cambiaría nada porque no hay más tiempo real para dedicar a la familia. Bueno, quizás ganaría más pasta y ayudaría. De todos modos, crecer profesionalmente, para mí, no es ser jefe. Eso, en mi opinión, tiene más relación con el ego que otra cosa. Yo no soy un periodista competitivo. Me considero competente, que no es lo mismo.

P. Te lo planteo de otro modo Miguel, ¿dejarías de crecer profesionalmente (sea lo que sea lo que tú entiendas como crecimiento profesional) por formar una familia?

M. No es sencillo, pero tampoco imposible. Le doy la vuelta yo. Si mi pareja tuviera mejores (malas) condiciones que yo y uno tuviera que elegir, no tendría problema en ocuparme yo más tiempo de la familia. Y no mitad y mitad como ahora. Ya tengo perro y gato [dice riendo], no es familia, pero es manada. Colaboraría desde casa, escribiría cosas (libros o blogs) para contener  el gusanillo. Pero no me importaría quedarme en casa.

Elena Manzano y María Vélez en los estudios de Onda Cero Sevilla

Elena me citó en los estudios de Onda Cero, lugar al que fui acompañada por la futura periodista Cristina Reyes Baro. Miguel me comentó que podríamos tomar un café en una cafetería cercana a la redacción de La Razón. Ambos  fueron muy cercanos y con ellos pude compartir una conversación enriquecedora, llena de interrogantes, pero también de razonamientos y cavilaciones que llevan a pensar que, si bien no se tiene la fórmula mágica para cambiar el mundo, es cierto que todos debemos poner nuestro granito de arena para ello. Suena a tópico, pero es así. Hasta que cada cual, individualmente, no decida ir cambiando un poco lo que esté en su mano, dentro de ese círculo de libertad que, por pequeño que sea, existe, no será posible que el imaginario colectivo se transforme. Los grandes logros no se consiguieron en un día, algo muy cierto. Y es sencillo decir que produce impotencia el hecho de que cada uno, solo, no cambiará una situación del calibre de ésta. 

Fuentes:
Textos propios, usando los siguientes documentos online:

Seis fotos propias y dos fotos cedidas por Elena Manzano y Miguel González, todas subidas a mi cuenta de flickr:

Vídeos propios subidos a mi cuenta de You Tube:

Usuario: María Vélez Romero

Audio propio y subido a mi cuenta de dropbox

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3 pensamientos en “¡Todos sabemos mandar!

  1. Pues yo voy a formar mi imperio periodístico donde no pensaré en la paridad sino en la calidad . Y, existiendo más mujeres que hombres periodistas, puede que mi imperio esté forjado de más mujeres que de hombres. La cantidad no es igual a la calidad. Tengo compañeros que son muy buenos en lo que hacen, pero también tengo compañeras que lo son. No es que prefiera a una mujer que a un hombre por el simple hecho de ser una mujer, sino para que, de este modo, podamos cambiar un poquito el panorama periodístico.

    ¿Utopía? Probablemente… Pero pasito a pasito…

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