Historia de un matrimonio frustrado

La preponderancia del factor belleza ante la masiva incorporación de la mujer en televisión, no ha nacido de pronto, pero ahora se encuentra elevada a la enésima potencia, sobre todo en determinados sectores como el del periodismo deportivo. Quizás antes esto sucedía, pero era la belleza la que se supeditaba a la información y no al contrario, como sucede actualmente, si es que existe información veraz, especialmente, como digo, en  el mundo deportivo.

En los años ´90, tal y como se extrae de las palabras de Gonzalo Vázquez en un artículo de opinión publicado en Jot Downes cierto que no era casual que hubiera una preferencia por seleccionar a mujeres guapas para la televisión, pero en ningún caso podía eso pesar más que sus aptitudes profesionales, informativas en este caso.  Pues, tal y como indica Vázquez en su artículo, “en el fondo, y ayuda mucho la perspectiva, fueron años de aparente inocencia felizmente a salvo de retorcidos yugos de audiencia o paridad. La mujer fluía en pantalla y su aspecto lo hacía al gobierno de la comunicación y no al revés”.  Se había producido, pues, un matrimonio entre información e imagen. Matrimonio que se ha visto avocado a una terrible ruptura en estos momentos, cuando información se ha convertido en la parte sometida de esa unión que se produjo un día.  El mundo periodístico ha sido testigo de una relación que comenzó siendo idílica y prometedora y que se ha ido desgastando poco a poco. Una relación basada en la compenetración entre lo intelectual y la apariencia necesaria para una pareja que vive conectada a un  sector en el que se necesita algo más que buenos conocimientos que transmitir. Todo comenzó como una historia de amor sumida en el más puro equilibrio, hasta que un día la balanza se inclinó completamente hacia lo artificial. Todo perdió sustancia, veracidad, sensibilidad, contenido. Todo se perdió. Información no es más que una marioneta que, por puro instinto de supervivencia, permanece junto a belleza, junto a imagen, aun habiendo perdido todos los rasgos que la definían.

En periodismo deportivo, en concreto, podemos hablar de fútbol como contenido estrella y de la mujer como instrumento ideal para transmitirlo, y nunca mejor dicho. Instrumento, porque  resulta que es eso en lo que muchas se han convertido. Un objeto de deseo para espectadores y, por ende, un factor económico interesante para los dirigentes de los medios de comunicación. En muchas ocasiones hombres (como es el caso de diario Marca con Óscar Campillo a la cabeza, Mundo Deportivo con Santi Nolla y Óscar Rodríguez en la cúpula, Diario AS con Alfredo Relaño como director y diario SPORT con Joan Vehils) sedientos de obtener la mayor cantidad de beneficios posible.  Algo muy lógico por otra parte, claro, pues están al frente de grandes empresas. No obstante, ¿hasta qué punto somos capaces de llegar por alcanzar el triunfo? El mundo se mueve por las leyes del mercado, y más ahora que, como se sabe, “la cosa va muy mal”,  y los medios de comunicación pretenden alcanzar la mayor cantidad de beneficios posible, ese es el objetivo. Pero, ¿a qué precio? Pues a costa de tratar a las personas como mera mercancía barata, sobre todo eso, cuanto menos coste suponga y más beneficios reporte, mejor que mejor. No lo olviden, señores, se llama rentabilidad. ¿De verdad no hay otro modo de llegar a lo mismo?  Pero, ¡ah sí mil disculpas!, que los medios de comunicación son, ante todo, empresas.  Es que no sé por qué siempre antepongo la dignidad, la ética, la profesionalidad y, por consiguiente, la información más veraz que se pueda transmitir. Si tan buenos profesionales son aquellas personas que se hallan al cargo de una gran sociedad, que han levantado un negocio complicado y han sido capaces de mantenerse, quiero pensar que son también perfectamente competentes para idear fórmulas que lleven al mismo fin sin pasar por encima de muchos derechos de las personas, tanto de los espectadores como de los trabajadores. Considero que deben existir maneras de llegar al mismo puerto sin necesidad de que unos tripulantes del barco sean los bufones que entretengan a los otros y, en caso negarse a perder su dignidad desempeñando esta labor, ser lanzados por la borda en el momento en el que más tiburones haya alrededor. Hay mejores modos de que el orden reine durante el viaje y de que las risas estén aseguradas, a fin de que las duras tareas de a bordo se hagan amenas. Que me disculpen los capitanes que puedan considerar que sólo hago demagogia sin aportar soluciones concretas; yo cuando hago mi trabajo tampoco le pido a nadie que me lo resuelva. 

El mundo deportivo, en concreto, se lleva la palma en cuanto a la exhibición de chicas monas en pantalla sin necesidad de un currículo ni siquiera decente, que ya ni bueno me atrevo a decir. El motivo, la audiencia es mayoritariamente masculina. La solución, ni siquiera me resulta posible saber quién la tiene. Quizás sean los empresarios los que, como afirmo, deban buscar una solución creativa que no estribe en prescindir de eso que llaman ética, uno de los pilares básicos del periodismo, algo que por cierto,  apunté en  Ser periodistas es la clave, la primera entrada de este blog. Tal vez sean las propias personas, en este caso me refiero a mujeres, contratadas simplemente por su cara bonita o por quién sabe qué cosa,  pero desde luego no por su trayectoria profesional, las que deban replantearse llegar a conseguir algo bueno en el mundo profesional por méritos propios. Muy probablemente, para que esta tremebunda  y denigrante situación en la profesión periodística tenga solución, sea necesaria la unión de voluntades y esfuerzos de ambas partes, contratadores y contratados. “Es algo demasiado complejo”, dirán muchos, y si no lo hacen lo pensarán. “Es imposible, en estos tiempos necesitamos comer, tenemos esa mala costumbre”, ironizarán otros tantos. Y otros muchos soltarán el típico y cómodo, “es lo que hay”. Y a todos ellos yo les recuerdo que, por decir, siempre se ha dicho que los grandes logros, las cosas verdaderamente buenas e importantes, nunca fueron fáciles. Pero claro lo sencillo es cómodo.

Claro que, al hilo, también debemos plantearnos una cuestión que a mí al menos me tiene consternada, ¿es un delito ser guapo? O  guapa en el caso concreto que analizo. Por supuesto que no, pero lo parece en multitud de ocasiones en las que muchas mujeres guapas, cuya imagen es muy cierto que vende, han de demostrar su valía muy por encima de lo que se les exige demostrarla a sus colegas de profesión masculinos. Es una pena que esto suceda. Sin embargo, es algo perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que los prejuicios llegan a formar parte de los ideales de las personas. Por desgracia,  aprendemos a base de prejuicios, imágenes que se clavan en nuestra mente y acaban determinando, en muchas ocasiones, nuestra manera de sentir hacia determinados asuntos, así como nuestro comportamiento.

Y, el hecho de que mujeres como Sara Carbonero cometan los errores que cometen, tal y como indica la excorresponsal de Televisión Española, Rosa María Calaf en una publicación de vértele.com “hace un flaco favor a la mujer y al periodismo, pues frivoliza la imagen de la mujer y contribuye a que la apariencia sea más importante que el contenido”. La verdad es que es inadmisible, profesionalmente hablando, que seas reportera, cubras un acontecimiento como la Eurocopa y, le preguntes a uno de los jugadores de la victoriosa selección española, en una entrevista tras el partido, si le hubiera gustado tirar algún penalti cuando, de hecho, había tirado el segundo (y nótese que hipervinculo para visionar el vídeo porque, como se observa en una información sobre Sara Carbonero en Dentro TeleTelecinco retiró el vídeo que ya circulaba por la web de la entrevista de Sara Carbonero a Iniesta). Es algo que  deja mucho que desear. Más aún cuando, por cierto,  la selección consiguió el paso a la final precisamente con los penaltis.

Además de alimentar el estereotipo que hace pensar en que actualmente muchas mujeres periodistas, al menos en televisión, están donde están por su belleza, esta joven fomenta el morbo, ese factor esencial que parece necesitar el círculo vicioso de audiencias y beneficios para los medios. Pues, pensemos, ¿es casual que sea Sara Carbonero la que cubra determinados eventos? Probablemente no. Quizás, y digo quizás, la haya ayudado un poco el hecho de mantener una relación sentimental con el guardameta de la selección española, Íker Casillas. 

Sara Carboneroredactora y presentadora del área de deportes de la cadena de televisión Telecinco,presentadora del canal italiano de televisión especializado en fútbol Premium Calcio y colaboradora del programa Deportes Cuatro (del canal televisivo Cuatro), y del diario deportivo Marca. Todo ello sin haber terminado la carrera. ¿Culpa suya? ¿De las personas que la contratan? ¿De ambas partes? Es triste por el hecho de que no ha sabido hacer demasiado bien su trabajo, pero como he oído decir, al menos ella tiene que ver con el mundo de la comunicación. Otros pseudo periodistas llegan incluso a estar ahí sin tener nada que ver con este mundo y de ellos no se sabe, ni si tienen carrera profesional. Pero su personaje está recogido en wikipedia, como es el caso de Belén Esteban, y recomiendo que se lea y se valore qué importancia puede tener esta chica para estar donde está. Pero esta es otra cuestión.

Sara Carbonero

Volvamos a Sara Carbonero, chica joven que protagoniza una gran cantidad de portadas de revista y genera críticas y noticias, o así las llaman al menos, encuadradas en el mundo del deporte. Pues que alguien me explique qué hay de deporte en eso.  Ahora bien, si no está ahí por méritos propios, profesionales se entiende, ella tiene mucha parte de culpa y sus principios dejan mucho que desear. Pero otra cuestión es el modo en que  los medios y las revistas se ceban con ella. Algo tampoco justo ni necesario. Y volvemos a lo mismo, la razón es el más puro negocio. Pues parece que verla trabajando no parece aportar tantos beneficios. 

Sara Carbonero trabajando

Al respecto el joven periodista de Cadena SER Huelva, Raúl Villalba Rey, también está de acuerdo con que la irrupción de la periodista en el mundo deportivo no hace ningún favor al mundo del periodismo deportivo en general y, en concreto, a la periodista deportiva. Y no porque se considere que Sara Carbonero está donde está por su belleza ni por ser pareja de Casillas, sino porque carece de los requisitos necesarios de todo buen periodista deportivo.

La joven redactora y presentadora de deportes es solamente un ejemplo de la época en la que vivimos, en la que, por sobre todas las cosas, hay que vender, y no vender bien, sino vender lo máximo posible, Y en la pantalla la imagen vende, pues, como también señala Gonzalo Vázquez en su artículo en Jot Down, que por  cierto y sinceramente invito a su lectura porque no tiene ningún desperdicio, “es evidente que en televisión se cumple como en ningún otro sitio aquella máxima de Berkeley según la cual ser es ser visto”.  Pero clama al cielo que las mujeres estemos abocadas a demostrar que de verdad valemos si somos guapas, o a conformarnos con espacios en los que no se nos vea si no tenemos una imagen que no siga al milímetro el canon establecido.

Hoy hay guapas inteligentes y muy capaces que sufren la humillación de tener que demostrar todo lo que valen porque todos podemos pensar que está en televisión u ocupando el puesto en el medio que sea “por su cara bonita”.  Hay mujeres no tan agraciadas a las que no se les tiene en cuenta su profesionalidad y sus muchas veces brillantes expedientes por el simple hecho de romper el molde superficial establecido. Y también están, no lo olviden, las guapas que viven del cuento.

¿Es posible cambiar esta situación? Quiero pensar que con sólo un cambio en la actitud ante la misma por parte de esas audiencias sedientas de morbo y espectáculo y un reconocimiento de lo que realmente sucede, todo podría ser bien distinto. Claro que también es posible el camino fácil que lleva a aceptar lo establecido porque sí, sin más, pues, ya bastantes complicaciones tenemos como para, como dicen muchas personas, pensar en esas “tonterías” y querer cambiar cosas que entretienen a todo el mundo.

No obstante, a pesar de todo, sí hay mujeres periodistas deportivas que saben hacerlo muy bien. Lo triste es que todavía deban promoverse jornadas y alternativas que recuerden que el buen periodismo deportivo realizado por mujeres existe.

Fuentes:

Textos propios, usando los siguientes documentos online:

Fotos de dos medios descargadas y subidas a mi cuenta de Flickr:

Vídeos subido a mi cuenta de You Tube:

Usuario: María Vélez Romero

Otros vídeo de You Tube:

Usuario: Kikeenr

Usuario: Comunidad publicitaria

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